Si Voltaire en el Ganges…

A veinticinco grados de latitud norte, después de dejar muy asombrado el estado de Odhisa, llegué a Benarés la víspera de Mahashivaratri. Era un hervidero completo de devotos subiendo y bajando por los ghats al pie del Ganges. Alcancé el hotel en barca, el lujoso Brijrama Palace (en otra ocasión quizá cuente por qué ese hotel), la única forma de hacerlo si vas con equipage. Aún sigo bajo el efecto aluvión. Anoche tuve el tiempo de caer de la ducha a la ceremonia de Ganga Aarti, pegada a la fachada del Brijrama, llegar en punto a una breve sesión de danza tradicional en el saloncito de pasos del hotelazo y con la cena en la boca un reconocimiento relámpago del templo cercano de Kasi Viswanath, arriesgando volver a tientas, donde hoy no se podía entrar de colas kilométricas apostadas que había hasta sus puertas.

Una casualidad, entre muchas otras, hizo que el pandit ji que recibía ceremoniosamente a los huéspedes del hotel a pie quieto en la fachada para imponerte mala y tika oficiase en el templo de marras. Lo veré mañana ya con calma aunque pudimos charlar algo a pesar de una timidez increible (ventajas de viajar solo). Gracias a esta conexión salvé la muchedumbre y seguí una parte de la procesión lejos del templo sin agobio. El sol estuvo escondido todo el día detrás de una bruma densa y la lluvia amenazó con recortar la fiesta a ratos. Apenas hubo luz suficiente y la señora Canon no paró de protestar. Hubo que salir del intento como se pudo. Si Voltaire en el Ganges…

Niña jugando a la puerta de casa sobre los ghats de Benarés. ▲

Umbral del templo de Prachin Sri Chimaneshwar.▼

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