El Buda blanco de Katmandú

El brahmin del templo

Aquel observador británico —quizá, no recuerdo bien, el coronel Kirpatrick al servicio de la Compañía de las Indias Orientales—, deslumbrado por Nepal, aseguraba rotundo que en Katmandú había tantos templos como hombres pueblan la ciudad de tan evocador y precioso nombre.

Y eso sin contar con los que están medio ocultos como este del Buda blanco, Seto Machendranath, uno de los de mayor carga simbólica de la capital, donde se aúnan la historia de la bahal, de los inmuebles y su entorno propiamente, del pequeño monasterio que fue en tiempos y en cuyo patio se levanta el templo, muy anterior a la imagen, con los orígenes perdidos de la escultura en sí.

No es de extrañar que Google Maps se vea clamorosamente incapaz de reflejarlos todos…

Hoy día, después del devastador terremoto de 2015, su ornamentada entrada principal ha sido recuperada, tras igual afán que mixtificación, y permite una más fácil localización de la pagoda que alberga dentro.

«Los curiosos topan con la pagoda de dos tejados a medio camino de los bulliciosos bazares de las plazas de Asan e Indrachok».

Efigie del ídolo de Seto Machendranath

Esta pagoda de dos tejados tipícamente nepalí, en el barrio de Kel Tol, entre los turísticos centros de Thamel y Durbar, está a medio camino de los bulliciosos bazares que desbordan las plazas de Asan e Indrachok —antaño la ruta comercial misma que iba de India a Lhasa—, lugar conocido como Jana Bahal: un remansado espacio interior abierto al que se puede acceder por cuatro callejones que marcan los puntos cardinales y que alberga la imagen de Bodhisatva Avalokistevara, o simplemente Lokesvara (el término de Seto Machendranath, el dios blanco de la lluvia, no es frecuente entre la comunidad newa que lo cuida y venera, sino más bien utilizado por los fieles de Shiva, para quienes representa una reencarnación suya: adorado indistintamente por budistas como por hinduistas).

El patio de la bahal

Ser fantástico de Seto Machendranath

Como es de rigor, a cada lado de la entrada principal, orientada al este, dos leones fantásticos custodian la bahal, profundamente transformada en la actualidad por nuevos edificios en altura que han ido alterando el espacio que en origen tuvo el recinto.

Por fortuna, existen algunas de estas bahal o pequeños monasterios newari en otros puntos de Katmandú con su diseño histórico intacto, patio y construcciones, y para las que más adelante quizá haya ocasión de escribir con algún detalle una entrada en este mismo blog porque aquí ahora esta cuestión no apremia.

Chaitya de Jana Bahal de Katmandú

Del bosquecillo de pilares, esculturas y chaityas (en Nepal, pequeña estupa votiva), alrededor de medio centenar, de épocas diversas, que dentro del patio rodean el templo, hay algunos elementos muy singulares con diferente alcance y significado necesariamente destacables.

La chaitya al pie del vano de la entrada principal, la Kanak Muni Buda, en lugar preeminente proclamando la memoria del sitio, es la principal de todas ellas: se dice fue levantada hace más de dos mil años por familiares directos de la madre de Buda.

El patio del templo de Seto Machendranath con pilares

Kanak Muni fue uno de «los mil Budas» (predecesor del actual y profusamente venerado Sidarta Gautama), de gran estatura y longeva, muy longeva vida, nacido en el seno de una familia de brahmins, características todas muy comunes del grupo de los mil Budas. Sigue siendo adorado aquí con fervor en algunas fechas concretas del calendario lunar.

Kanak Muni aparece igualmente vinculado al llamado templo de los monos, la estupa de Swayambuná, adonde peregrinó, al oeste de Katmandú, uno de los complejos religiosos vivos más antiguos de todo Nepal. De alguna forma también, como Seto Machendranath, está vinculado con el agua.

Junto al pilar de Amithaba rivalizan los de las Taras, verde y blanca, consideradas manifestaciones femeninas surgidas de dos de las lágrimas que el compasivo Avalokitesvara derramó al ver las miserias del mundo y su persistencia.

Asimismo, la imagen del Buda blanco va flanqueada por otras dos imágenes suyas, de reducido tamaño, aunque ocultas por lo común, salvo durante las principales ceremonias en su honor, que permanecen a cada lado de sus pies, acompañándolo.

Dios olímpica Hestia en Seto Machendranath de Katmandu

Sobre el suelo, delante de la estupa fundacional Kanak Muni, aparecen dos elementos característicos de los templos newaris: una gran flor de loto prominente, repujada en cobre, a modo de ara o altar [homa], sobre el que se ofician ritos, y un cuadrilátero regular [kshetrapala], de cobre también, empotrado en el pavimento para conservar agua, con una función protectora del espacio circundante.

Otro de esos elementos singulares de la bahal es una escultura de época victoriana que representa a una de las diosas del panteón griego: Hestia, la vestal olímpica encargada de mantener siempre viva la llama del fuego sagrado, traída hasta aquí a principios del siglo XX, colocada en medio del atrio de frente al templo y adoptada sin remilgos en su nuevo emplazamiento.

No hay duda de que la acomodada familia del donante, identificada en la inscripción de la base, conocía estos detalles mitológicos.

Los servicios religiosos de Jana Bahal y del templo Seto Machendranath recaen en familias newari brahmins del clan de los sakhya (plateros y orfebres) y vajracharya. Uno de sus miembros se encarga, conforme a un riguroso plan asceta (estancia solo en el interior reducido del templo, una única comida al día, estricta dieta vegetariana sin ajo o cebolla siquiera, con arroz como principal ingrediente, que él mismo debe preparar), de la apertura del templo, de los rituales diarios, rezos descalzo alrededor del templo y acostamiento de la deidad al caer la noche [Nitya puja], por espacio de un mes, hasta ser relevado por otro varón de la misma comunidad: es el llamado dyo pala.

Asimismo, las familias por separado, su cabeza de familia concretamente, revestido de gurú, realiza en el patio de frente al templo sus propias ofrendas y rituales, tocado por la corona de los cinco budas [rig nga], artilugio plegable que confiere una especial dignidad dentro del budismo tántrico.

Pero este sitio no se concibe solamente como un lugar de culto y oración, donde rodear el edificio religioso, hacer ofrendas, quemar incienso, girar los molinos de oración y cumplir con una pequeña circunvalación o peregrinación, Jana Bahal es también un patio de vecinos y de pequeños comercios por el que transitan, cruzan y conviven propios y ajenos. Puestos de innumerables adminículos, completamente extraños para un extranjero, con lo necesario que un nepalí requiere para proveerse y satisfacer sus obligaciones del culto, tiendas de thangkas, más puestos de fabricación de colchonetas y cojines, un taller improvisado de escultura mientras duró la rehabilitación del pórtico de acceso, vendedoras ambulantes de sayapatri malla (rosarios de caléndulas). Y sobre todo la solana perfecta para reunirse sus vecinos.

El templo de Seto Machendranath

De la memoria del que debió de ser el templo primigenio en la temprana época medieval, durante la dinastía Lichavi, la que hizo de nexo entre India y Tíbet, cuando la población era mayoritariamente budista, apenas queda una localización imprecisa en las inmediaciones del distrito actual de Jamal. Aquel mismo templo más tarde sería, recién comenzado el siglo XIV, al que acudió derecho el rey invasor Ripumalla, de la dinastía Khas, seguido de los otros dos principales de la urbe, Pasupatiná y Swayambuná, para tomar posesión de Katmandú e imponer el hinduismo, en un fuerte acto simbólico.

Aquí entra la leyenda y hace surgir la imagen, bien cumplido el siglo XV, al final del floreciente reinado del rey Yaksa Malla. Deshecho el solar y convertido en arrozal, un granjero que se encontraba realizando trabajos agrícolas en el paraje descubrió una efigie en el fondo de un pozo. Al sacarla, apareció una escultura de Avalokitesvara, que no dudó en llevar a su casa. A aquel súbdito aquella noche en sueños la divinidad le indicó el emplazamiento que debería proporcionarle en adelante: la confluencia de dos ríos en el punto que hoy se conoce como Indrachok. De este modo la decisión de que la histórica bahal Kanak Muni acogiese al ídolo aparecido quedaba finalmente tomada.

Otra versión sustituye al granjero por una cuadrilla de alfareros en busca de arcilla que, afortunados en su prospección, rescatan la imagen sagrada y con innegable euforia vinculan con el mismísimo Guna Kamadeva, fundador de Katmandu (723 d.C.), que la habría encargado directamente, y contemporáneo del emperador tibetano Songtsen Gampo, de capital importancia en toda esta historia, como se verá a continuación.

Y así se dará comienzo a la construcción de una nueva edificación que completará o ampliará su hijo Ratna Malla, al hilo de la aparición del reino independiente de Kantipur, de raíces newaris, por él fundado en 1484, con capital en Katmandú. Se restituye en fin el culto perdido de Avalokitesvara y vincula con el poder político dinástico de la familia Malla y sus relaciones comerciales con Tíbet.

Pero durante la incursión y saqueo de Katmandú por el rey de Palpa, Mukunda Sena, en el primer tercio del siglo XVI, el edificio fue arrasado, como aseguran algunos historiadores. No es difícil de imaginar cómo el templo acaba siendo renovado y engrandecido por sus sucesores.

Las llaves del templo de Seto Machendranath

Las actuales llaves del templo

Seto Machendrenath, tal como hoy se conoce, de doble tejado escalonado con un único pináculo [gajura], típico de patios de mayor o menor proporción cuadrada, cubierto con sus características pequeñas tejas de doble aleta [aenpa], aún visibles y resistentes en otros puntos del Valle de Katmandú, parece ser que responde a una obra original emprendida a mediados del siglo XVII, a caballo de los reinados de Laxmi Narasimha Malla y su ambicioso hijo Pratap Malla (su segunda esposa era una princesa tibetana con quien se instaló también en la corte un hermano suyo, destacado gurú). Durante el gobierno de este último, conocido como el rey de los poetas, se colma su historia constructiva con el traslado de la imagen del Buda blanco a este lugar.

Posteriormente ha sido objeto de diferentes intervenciones con la singular dinastía Rana en el poder, a lo largo de finales del XIX hasta comienzos de la siguiente centuria, como fue la sustitución de la arcilla por el cobre dorado en sus cubiertas, respetando la estructura que hoy podemos seguir reconociendo, con diferentes criterios de embellecimiento (si se excluye el cerramiento hecho no hace tanto que lo constriñe y afea sobremanera), caso de la posterior incorporación de numerosas banderolas de una única pieza o estandartes metálicos suspendidos [halampau] a lo largo del perímetro de ambos aleros, que exhiben trabajos de repujado con las efigies de ascetas y deidades budistas. Y asimismo largas banderolas hechas de placas o estandartes articulados [pataka], algunos de los cuales cruzan a eje con la puerta principal toda la fachada desde el pináculo y otros en cambio no rebasan el voladizo superior, un equivalente de la escalera de Jacob del cristianismo para conectar el cielo con la divinidad y los mortales, suerte de pasarelas espirituales.

Con igual criterio, muy reseñable, más tardía, es la acertada sustitución del azulejado blanco mandado empotrar en los costados inferiores del edificio durante el gobierno del rey Mahendra, mediado el siglo XX, por una colección de placas de latón repujado, para lucir en esa disposición sobre alegóricas flores de loto y dorjis en la base la serie completa, bien alineada, de hasta las 108 manifestaciones de la compasiva divinidad de Lokesvara.

La obra, de indudable atractivo y mérito, fue encargada por la propia comunidad newari a un reconocido artista de Patan según plan iconográfico de un antiguo sacerdote del templo. Por su valor ilustrativo quizá haya ocasión de reproducir en otra ocasión al completo con su descripción por separado en este mismo blog.

Los canes [kusuru], o cabezas de las vigas que asoman al exterior y soportan las cornisas, están rematadas por figuras de aves míticas, esqueletos y seres fantásticos, todos ellos diferentes entre sí. Tal vez correspondan a la obra final del siglo XVII, al plan decorativo de entonces más que a una talla histórica, cabe pensar. Junto a la elaborada serie de canes hay que citar los cuatro tirantes de las esquinas [kusala]. E igualmente, de los primeros tiempos serán las toranas, o frontones, del templo y de la entrada principal (desaparecida en un voraz incendio de comienzos del siglo XX, luego repuesta).

Monje budista realiza ofrenda a la entrada del templo

La imagen del Buda blanco

De no más de un metro de altura sin su peana, está compuesta de una pieza de cobre a la que se añaden por separado dos más por cada uno de sus antebrazos y manos. La efigie, lejos de mostrar especial acabado artístico, es una representación de Seto Machendranath, Karunumaya o Bodhisatva Padmapani Lokeshvara, una si no la más importante de las deidades del panteón del budismo tántrico, en su manifestación de Avalokiteshvara, Buda de la compasión, quien a su vez es una emanación de Amitabha, el más antiguo de los cinco Budas cósmicos.

«En el budismo tántrico o tibetano, Panchabuda, los Cinco Tatagatas o Cinco Budas cósmicos o las cinco sabidurías del dharma, son representaciones del ‘primer Buda’ Vairocana».

Cuando el rey Pratap Malla decide construir en 1667 el gran estanque conmemorativo de Rani Pokhari [el estanque de la reina], y deshacer el monasterio de Hamhal para cumplir con sus planes, la imagen se traslada aquí, hasta su actual y definitivo emplazamiento.

Imagen de Avalokitesvara Seto Machendranath

Si la historia constructiva del templo resulta confusa e incompleta más aun lo es la de su imagen titular. Hasta la fecha del traslado, de la talla venerada anteriormente, quizá de madera, acaso también la que la tradición vincula al destino del rey Yaksa Malla que desembocaría en la edificación de un nuevo recinto religioso exclusivo para su adoración, no hay noticia.

Esta otra escultura, de pie, con la característica postura tribunga, lo que en occidente llamaríamos contrapposto, dibuja una graciosa ese: un leve movimiento con el giro en zigzag de hombros, cadera y rodillas, reflejo milenario de la clásica danza india, acompañado del juego de manos y sus mudras:

la mano derecha en varadra mudra (gesto de caridad) y la izquierda podría originalmente haber sostenido una flor de loto, su indefectible referencia iconográfica. Lleva la corona y los ornamentos propios de Bodhisatva.

«El dalái lama es una reencarnación suya y considerado por los tibetanos y los seguidores del lamaísmo como la principal manifestación terrenal de Avalokitesvara».

Después del baño ritual de Seto Machendranath

Todo ello solo apreciable durante la ceremonia anual del baño ritual porque durante el resto del calendario, como se ve en estas fotos de al lado, aparece profusamente cubierta de ropaje, joyería simbólica y guirnaldas frescas repuestas a diario por sus devotos en ofrenda.

Si para el relato de la fundación o refundación del templo las leyendas se tiñen de nacionalismo e identidad, en el caso los orígenes de la imagen, la magia lo inunda todo para alimentar el culto y su propagación.

El culto de Avalokistevara va unido indefectiblemente a la idea política de expansión del poder tibetano, personificado en el emperador Songtsen Gampo, introductor del budismo en Tíbet en el siglo VII (casado con dos princesas budistas, la princesa nepalí Bhrikuti Devi, y la princesa china Wencheng, consideradas reencarnaciones de las Taras Verde y Blanca). Luego amplificado por Padmasambava.

El brahmin del templo cuida de Seto Machendranath

Son los relatos tradicionales tibetanos donde figura la historia de Los cuatro gloriosos hermanos (o Los cuatro hermanos exaltados, las traducciones son muy variopintas), desde cuando el emperador tuvo una revelación divina mientras estaba meditando para que fuese a localizar y rescatar a Avalokistevara.

El emperador envió a un monje a Nepal para que trajera una imagen de Avalokistevara. En el Valle de Katmandú encontró al fin un bosque con un árbol de sándalo mágico regado permantemente con la leche que las vacas que allí pastaban liberaban para alimentarlo. Identificado, cuando el gurú iba a cortarlo por el pie, el sándalo habló para que lo hiciese lentamente y del tronco fueron desgajándose cuatro tallas de Avalokistevara que con sus propias voces fueron nombrando los destinos a los que debía llevarlas. (Hay narraciones que dejan en tres y otras que llevan a cinco).

Junto al prodigioso milagro corría el plan de extender su noticia y fe distribuyendo cada uno ellas por diferentes puntos: una debería depositarla en Mangyul (del templo se llevó a Dharamsala cerca del dalái lama, donde permanece en la actualidad), una tercera a Patan/Bungamati (el popular Rato Machendranath), otra a Patan también, la que dejaría en manos de su emperador en Lhasa, donde aún se conserva una imagen en una de las capillas del Potala, y la que protagoniza este post.

La imagen sale del templo, con gran pompa y ceremonia, en dos ocasiones, coincidiendo con la sutil influencia del último plenilunio de invierno y el primer plenilunio de primavera sucesivamente.

El festejo inicial consiste en la ejecución del baño ritual, conocido como Nhawan, y posterior renovación de la cobertura de pasta blanca que envuelve por completo al ídolo, todo él celebrado dentro del patio del templo. Y durante el segundo, Seto Machendranath Jatra, se lleva a cabo una abigarrada procesión que recorre en carroza, asombrosa por su gran proporción en altura, el casco antiguo de Katmandú, hasta que después de días la imagen es reintegrada al templo para adorar allí el resto del año. ✑REGION

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