Bhubaneswar, la ciudad de Siva

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A veinte grados de latitud norte, con trópico de sabana y catarro asiático, pero despejado: el café obra maravillas. El día fue tan largo como esperaba. En esta ciudad, capital del estado de Odhisa, las distancias son descomunales y no puedo manejarme a pie solo. Los rickshaws ayudan a moverte rápido pero también la app Ola se impone, como Pathao en Nepal, en taxi o en moto.

Bhubaneswar guarda la singularidad, sin contar con que no hay apenas turistas (concentrados en Rajasthan), de haber dedicado todos, prácticamente todos, sus templos a Siva (politeísmo de baja intensidad). El principal de ellos, Lingaraj, solo accesible a hinduistas, fue la primera contrariedad. Me presenté tan decidido que casi cruzo la barrera. Pero, claro, enseguida me echaron el alto. La Lonely Planet en la edición que manejo olvidó este pequeño detalle. La casualidad, una vez más, hizo que acabase invitado a una velada por la familia brahmin encargada de las llaves del templo, de este y de otros de la ciudad, por lo que cuento a continuación.

Recorrí algunos de ellos, uno extrañísimo pero lo dejo ahora, que cae enseguida la amanecida, para otro día, y en el de Mukteswara (increíbles trabajos de escultura e iconografía de hinduismo tántrico, un descubrimiento completo, la bóveda solamente es una joya), conocí a Ratan, pandit ji y yogui también, que me aclaró los pormenores de las ceremonias por si decido volver otra vez, que no lo descarto, en manos de su familia: ¡ya es mucha casualidad!

Los mosquitos me maltrataron algo aunque espero no fuesen demasiado malariosos. Me robaron de la mochila en un descuido el gorro de lluvia, que sí, era mi favorito, pero dejaron la lente 50mm en su sitio, así que se me pasó pronto el cabreo. Mañana salida relámpago en autobús local a Konark, patrimonio de la humanidad●

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